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    Hasta en los paquetes era minimalista…

    Hasta en los paquetes era minimalista…

     
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    El de Harvard y el de California.

    El de Harvard y el de California.

     
  3. Cada quien su Steve

    Llevo usando productos de Apple al menos por seis años. En el lejano 1996 usé una Mac, pero eso no cuenta. Tiene tiempo que dejé a un lado la absurda discusión de qué es mejor. Para mí, para lo que hago y para lo que quiero, Mac es mejor. Para otros será cualquier otra máquina. No importa la herramienta sino lo que produces con esa herramienta. 

    Hemos escuchado hasta el hartazgo los argumentos de sobre por qué usar (o no) un producto de Apple: que si estatus, que si consumismo, que si religión. Por allá dirán que es estabilidad, belleza y una experiencia de usuario que te hace olvidar que, al final, estás frente a un aparato que habla en 1 y 0. No lo sé: escribo esto en una Mac y ya, no hay más ciencia.

    Y en eso estamos cuando Steve Jobs muere. Algunos recuerdan la muerte de John Lennon como un evento traumante. Otros los de Kurt Cobain. Unos más los de Michael Jackson y habrá quien lloró desconsolado por Capulina. Imágenes pop, íconos generacionales, humanos, muy humanos. Pues bien, para una generación, la mía, la de los treinta, Steve Jobs es ese ícono. Ídolo de roca o de arena o del material que quieran. Referente pop, producto refinado de los Estados Unidos de América; vendedor con poderes de magia, capaz de reunir (con tiranía, dicen) un equipo de mentes y manos extraordinarias, el tipo que odias o quieres. Pues ese referente pop ha muerto y de golpe nos regresa a lo más elemental: todo pasa.

    Sin jamás hablar o platicar o mandarle un e-mail, hoy Jobs congrega a todo tipo de entes: geeks, hipsters, diseñadores, escritores, wannabes, godinez, expertos e inexpertos. Solo unos cuantos sabíamos desde hace más de cinco años de ese discurso en Stanford, de que nunca acabó la universidad, que fue despedido de Apple y bla bla bla. Me espantó que presidentes dijeran lo que dijeron de él: la reencarnación de Leonardo Da Vinci, de Edison, de Einsten ha muerto. No exageremos.

    Para mí, pues, no era ni más ni menos que el ser humano que ayudó, por ejemplo, a que no me perdiera en un viaje insólito a Oaxaca o que grabara el concierto de anoche de los Caifanes o que me hiciera conocer el minimalismo. Nunca quiso aliviar la pobreza del mundo. No hizo computadoras para los pobres. Quizá murió sin preocuparse por ello. Sabía hacer bien dos o tres cosas y ya. Ni más ni menos. 

    Los que, con toda esa humanidad, lo admiramos en vida, contemplamos el espectáculo de millones que ni sabían quién era. Esperaremos que baje la marea para volver a visitarlo, a criticarlo a admirarlo. Ya no conoció este día, este momento. Se nos fue: hasta en su muerte fue minimalista.

     
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    Jugar a las predicciones es arriesgado. Cuando llegue ese futuro, la gente verá lo ridículo e infundado de tu profecía y se burlará. O te aplaudirá por lo visionario que fuiste. Hoy, Publimetro se arriesga. Algunas son aspiraciones, otras ridiculeces.

    Jugar a las predicciones es arriesgado. Cuando llegue ese futuro, la gente verá lo ridículo e infundado de tu profecía y se burlará. O te aplaudirá por lo visionario que fuiste. Hoy, Publimetro se arriesga. Algunas son aspiraciones, otras ridiculeces.

     
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    Poesía leída en un vagón del metro.

    Poesía leída en un vagón del metro.

     
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    Pablo Waldo Hernández (c. 1939-2011).

    Pablo Waldo Hernández (c. 1939-2011).

     
  7. Don Pablo

    A las 6:30 de la mañana de un domingo sabes que si suena el teléfono solo puede ser una gran noticia. Y casi siempre, una mala noticia. Me llamaban para decirme que un tío había muerto. A partir de ahí, todo fue predecible: ir al pueblo, ver escenas tristes, regresar con cara de circunstancia, etc.

    Todos las familias tienen un héroe, un modelo a seguir, un familiar, que cuando uno es niño, quiere ser como él. Uno va creciendo y “se le abren los ojos”. Te das cuentas de esos pequeños detalles de tu héroe de la infancia. Pero, de cualquier manera, sigues teniéndolo en tu altar privado. Sigues acumulando años, y el respeto vuelve a ser admiración.

    Pues ese fue mi tío. El líder moral de la familia materna, el jefe, el cacique. Nada se movía sin que él se enterara. En lo más doloroso de su enfermedad seguía aferrado a vivir, a hacer negocios, a ayudar. Ayer se quedó dormido y con eso la enfermedad lo dejó en paz. Y a nosotros nos dejó con un montón de recuerdos y con la idea de que esta vida es un suspiro. El chiste está en cómo llenamos ese suspiro.

    RIP, Pablo Waldo. Lo vamos a extrañar.

     
  8. 08:51

    Notas: 1

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    Cuestión de perspectiva

    Cuestión de perspectiva

     
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    Camina por el agua. ¿O no?

    Camina por el agua. ¿O no?

     
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    Caprichos de los nubes.

    Caprichos de los nubes.

     
  11. El hombre que ha empezado a vivir más seriamente por dentro, empieza a vivir más sencillamente por fuera.
    — Ernest Hemingway
     
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    Por eso me gusta lo que hago. ¡Gracias al Padre que me dice lo que tengo que decir!

    Por eso me gusta lo que hago. ¡Gracias al Padre que me dice lo que tengo que decir!